Resumen
de la entrada del Gato del 29-3-2012, desde un blog de ganchillo:
- “Me encantó ayer (...) Pepe (...) recordando
cómo le había puesto a prueba Ari nominándole hace un par de semanas, decía
Pepe: «Me nominó para comprobar la amistad. (...) Imagínate en la calle: “Hola,
voy a comprobar tu amistad, ¿te importa que te pegue un palazo?” » (...)
Inmenso.” [Sí, señor Gato: “Analogías El Gato”: inmensas y ponderadas].
[Ya es, por cierto, el tercer día consecutivo
que el Gato defiende su aforismo de “no se pone a prueba una
amistad”, desde el martes. Y yo el cuarto día
consecutivo que me refiero a ello, desde el lunes. Y cada día el Gato saca un
poco más de contexto su aforismo inicial del lunes (lo defiende todos los días
desde el martes, pero lo usó por primera vez el lunes). El martes, el Gato elogió a Hugo por usar el mismo “argumento definitivo” que el propio Gato había usado el día
anterior (el aforismo del que estamos hablando, que el Gato había usado el lunes). Tras calificar como "definitivo" su argumento compartido con Hugo, el Gato concluyó: “Hugo y yo
somos así, oiga." Todo indica que tiene una alta concepción de sí mismo, el Gato.]
Cambio de tema. Para el Gato, las palabras
dichas en una discusión entre veinteañeros tienen el mismo valor que una
declaración solemne ante la Biblia o la Constitución. Siempre que esas palabras
sean dichas por un concursante al que odias,
claro. En este caso... la concursante odiada es... ¡lo han adivinado! ¡Noemí!
Así, el Gato escribe:
- “Para mí tengo que Noemí valoró anoche la
posibilidad de que hoy hubiera gala.” [Y nadie más que Noemí, claro].
- “...Ante esta perspectiva [Noemí] provocó
una discusión con Aless...” [la cual, para el Gato, no es una discusión
entre una casi pareja de veinteañeros en la que se dice lo habitual en esas
discusiones. No, en esa discusión lo que se dice hay que tomarlo al pie de la
letra, tiene el mismo valor que una declaración jurada ante notario. ¡Quiá,
esta Noemí, la concursante a la que se la tengo jurada! ¡porque esto es Gran
Hermano, señores! ¡Esto es serio, esto no es Pasapalabra!].
- “...Muy bajuno todo por parte de Noemí.”
Pero hay que ser justos con el Gato, enseguida
reconoce que no sabe de qué está hablando: “Ni
de coña me atrevo a decir de qué hablaban en realidad.”
Bien, sigamos:
- “Este gato glotón se relame hoy otra vez...”
[ante la posibilidad de que la repesca le depare una nueva desgracia a Noemí].
- “Volviendo a Noemí, concursante por la que
tengo una especial debilidad difícil de explicar...” [Señor Gato, le cuento
las conclusiones a las que llegué yo tras más de 20 años de observaciones:
señor Gato, su “especial debilidad”
es de la misma naturaleza que la homofobia o el racismo. Los que linchan
homosexuales en Jamaica o África o linchaban negros en los USA sureños tampoco
sabrían dar argumentos racionales para sus “especiales
debilidades”, y los genes son los mismos aquí, allí y en todas partes. Y en
todas las épocas. Si aquí y ahora ya no somos racistas ni homófobos, no es por
que seamos de natural “buenos salvajes”, es porque a veces se impone una cierta
cultura, una cierta civilización. Ya no hay tantos homófobos como hace 30 años
porque, por ejemplo, la televisión o el cine han normalizado la homosexualidad
(sí, la televisión también civiliza en algunos aspectos). A eso se le llama
civilización o cultura, pero los genes siguen siendo los mismos. Y usted sigue
sacando instintos primitivos de la misma naturaleza, señor Gato. En eso
consisten los odios “difíciles de explicar”
y el desear desgracias a esos odiados a los que odiamos sin que sepamos
explicar por qué (“porque me sale de las tripas”). A eso también se le llama fanatismo.
Porque ninguno de los argumentos que ha intentado dar el Gato se entienden, son
pura irracionalidad, cuando no directamente mentiras. Me refiero a los argumentos dados para odiar con esa viscelaridad y negando al odiado la más mínima cualidad que le humanice; también al deseo de desgracias para el odiado. Una cosa es la crítica ponderada y racional a un concursante de un concurso. Otra cosa es el fanatismo visceral y el odio sin tregua, exagerado e injustificado; el circo romano, la necesidad que tienen siempre algunos de echar gente a los leones; el no ser capaz de ver ninguna cualidad buena en concursantes que no son peores que la mayoría de nosotros, porque nos hemos convertido en masa colérica e irracional].
Seguidamente, el Gato critica que unos versos de
Noemí no eran creación propia como ella dijo. Esto me ha hecho tomar una decisión:
próximamente haré una serie dedicada a los casos en los que el Gato ha hecho lo
mismo (peor, realmente) y nunca rectificó cuando fue pillado. Yo mismo le
pillé varias veces y lo comenté en otros blogs, así que solo tengo que reciclar
lo que ya escribí. De esas pilladas que delatan a un farsante (que también se le ha pillado en mentiras y nunca ha rectificado). Próximamente en
este blog... cuando encuentre tiempo.